Mil días y mil noches caminando, buscando el destino que me conduzca a lo que mi corazón anhela: tú y yo.
Somos almas gemelas que el tiempo ha mantenido separadas por un árido desierto de compañía y de angustias, que hoy poco a poco se van disipando, pues aún en la lejanía nos hemos encontrado; ya no volveremos a ser, ni yo una fría estatua de alabastro, ni tú un nómada que no representa más que un grano de arena entre las frágiles dunas del desierto; tú pones cada nuevo día el corazón, tu hermosa sonrisa y tu despertar, en el deseo de que te lleguen mis palabras llenas de sentimientos, y yo como tu humilde sierva que soy, me postro a tus pies cada mañana, para desearte los buenos días y ser merecedora de tu mirada.
Y los dos, esperando y deseando esos besos picarones, que siempre hay entre Tú y Yo.
¡Buenos días mi amor!
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